Toxoplasmosis en el embarazo

La toxoplasmosis es una enfermedad parasitaria, transmitida por un protozoario, el Toxoplasma Gondii, que ha sido diagnosticada en todo el mundo. Es capaz de colonizar todos los órganos del cuerpo animal o humano. El grado de gravedad que produce es muy variable, desde formas más benignas casi sin consecuencias a infecciones graves con enfermedad severa y hasta fatal.
Todo depende del tipo y la dosis de la cepa, las vías de entrada y las condiciones de defensa y nutrición que tenga el organismo agredido. Por tanto, las poblaciones con más riesgo de sufrir enfermedad grave son los inmunodeprimidos y los desnutridos.
Los gatos, al ser animales domésticos, juegan un papel preponderante en el ciclo de la toxoplasmosis. El portador al defecar elimina ooquistes, que luego pueden infectar a otros seres vivos (aves, cerdos, roedores, ovinos, hombre, entre otros) que los ingieren accidentalmente.
La infección en el hombre ocurre principalmente a través de los alimentos, mediante las formas quísticas en carnes poco cocidas o por medio de los oocitos en vegetales mal lavados, huevos crudos o poco cocidos, agua, leche no pasterizada u otros alimentos contaminados por tierra. La mayoría de las veces la toxoplasmosis en el embarazo, es asintomática para la madre. Solamente el 10 % presentan: sensación de cansancio, decaimiento, inapetencia, adenopatías en el cuello, fiebre leve, síntomas similares a los de la gripe, generalmente leves y sin gravedad.
El riesgo es cuando se adquiere la toxoplasmosis por primera vez durante el embarazo, porque el parásito puede atravesar la barrera placentaria y afectar al feto, existiendo un 40% de probabilidad de transmisión fetal. Aproximadamente la tercera parte de las madres que adquieren la enfermedad durante el embarazo transmiten la infección a su hijo.
El riego y la gravedad dependen de la etapa del embarazo. Los estudios arrojan que cuando la madre contrae toxoplasmosis durante el primer trimestre, aproximadamente el 15% de los fetos también se infectan; el 30% si la madre la adquirió en el segundo; y el 60% en el tercero. Sin embargo, cuanto más cerca del comienzo del embarazo ocurre la infección, más graves son las consecuencias para el feto. Cuando la enfermedad tiene lugar en el primer trimestre, ocurre el aborto espontáneo en la mayoría de los casos; los fetos que sobreviven a la infección en esta etapa presentarán: hidrocefalia, coriorretinitis (infección ocular) y calcificaciones cerebrales. Esta forma severa de la enfermedad se presenta únicamente en el 10% de los casos de toxoplasmosis congénita.
Los fetos que se infectan después del primer trimestre, tienen generalmente aspecto normal al nacer (hasta el 90%). Entre 55 y 85 % desarrollan manifestaciones de la enfermedad en el transcurso de la infancia. Los síntomas incluyen coriorretinitis, ceguera, discapacidades de aprendizaje y psicomotoras, epilepsia, sordera.
En los casos de toxoplasmosis congénita inaparente al nacer, el diagnóstico precoz y el tratamiento oportuno, puede favorecer el pronóstico de la enfermedad y prevenir sus secuelas.
