La vitamina D

La vitamina D es necesaria para el aprovechamiento y la absorción del calcio, y contribuye por esa razón en la formación de los dientes, huesos y cartílagos.

La vitamina D tiene dos presentaciones: la vitamina D2 que se encuentra en escasos alimentos, y la vitamina D3 que es la que la piel elabora cuando se expone al sol.

Las personas que más carecen de vitamina D son los ancianos, por cuanto se exponen muy poco a la luz solar, permanecen bastante tiempo en la cama, y raras veces salen a la calle.

Las personas que viven en zonas muy frías y por ello deben cubrir su cuerpo, las que están cerca de lugares donde hay contaminación y por lo mismo deben usar ropas muy abrigadas, presentan también deficiencias de vitamina D. Quienes reciben medicamentos anticonvulsivos son propensos tener un déficit de vitamina D porque estos interfieren en su transformación activa .

Los alimentos que son fuentes de vitamina D son: la yema del huevo, las sardinas, el atún, el aceite de hígado de bacalao, el salmón.

La deficiencia de vitamina D en el organismo puede producir raquitismo en los niños. El raquitismo produce una deformidad ósea, y una curvatura en las piernas y en la columna vertebral. En los adultos la falta de vitamina D puede contribuir a que se presente una osteomalacia o reblandecimiento de los huesos cuyos síntomas son dolor en las piernas, las caderas, las costillas y los músculos. La osteomalacia hace que los huesos se vuelvan débiles y quebradizos.

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